Dominicana contra dominicana en el Alto Manhattan: Lucha de clases

by nosotroslospobres

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¿Es obligado pagar el sueldo mínimo?

 

Yo no sé casi nada sobre la huelga de un día que hicieron los trabajadores de comida rápida el pasado 5 de diciembre; solo lo que un amigo me contó acerca de lo que le había pasado a él y a sus compañeros.  Como no han resuelto su situación no puedo entrar en detalles, pero la huelga se hizo, el patrón de estúpido intentó botar a los que dieron la cara como organizadores, se fueron a la fiscalía los trabajadores y todo el mundo recuperó su trabajo.  Luego el patrón se negó a reconocer el sindicato, pero sin embargo le aumentó el sueldo a la mitad de sus empleados.  Se propuso una acción pero la mayoría, satisfechos con su aumento o con miedo de perder lo que ya habían conseguido, votaron en contra, y, según parece, se quedó ahí.

Todo esto yo lo menciono porque, el lunes pasado, Nosotr@s l@s Pobres estuvimos presente en un piquete frente a la Kenny Bakery en Dyckman, en apoyo al Laundry Workers’ Center y su afiliada, Moraima Ortiz.  Fíjense lo raro que se siente uno, después de haber hecho tanto trabajo en contra del desplazamiento, al estar haciéndole un piquete a un negocio dominicano en Washington Heights.  Y sobre todo, un negocio que sirve a la gente trabajadora.  Imagínate, si del otro lado de Broadway, en la misma Dyckman, consigues tapas, un latte, unos plátanos perfumados que te cuestan $15, pero, increíblemente, no consigues ni un quipe ni un pastelito ni una empanada de yuca en ningún lado.  No tenemos ninguna duda de que en esos negocios comemierdas existe todo tipo de explotación y abuso; por eso, cualquiera se detiene a pensarlo antes de meterle un piquete a un negocio tan netamente dominicano como lo es la Kenny Bakery, más que algunos de nosotr@s habíamos sido sus clientes desde hacen muchos años.

Sin embargo, por dominicanos que sean, el café de la Kenny debe saber amargo.  La compañera Moraima, la que mencionamos, trabajó ocho años sin cobrar en ningún momento el sueldo mínimo—de hecho, desde el 2004 hasta el 2011 trabajaba un promedio de 57 horas por semana y cobraba un sueldo semanal de $250.  Que ni se hable de las horas extras a tiempo y medio.  Además, fue acosada físicamente y verbalmente a través de todo ese tiempo.  Para colmo, fue despedida sin aviso, y el negocio debiéndole muchísimos cuartos.

Es un buen ejemplo de lo que hablamos en el último blog que publicamos.  Patrón es patrón (o en este caso patrona, Iris Minaya), no importa de qué nacionalidad sea.    Igual como el patrón dominicano explota al haitiano en su país, y te explota a ti por más dominicano que sea, igual como el patrón latino explota al africano, o explota al mejicano y al dominicano aquí en NY.  Es más, la mayoría de los que salieron a solidarizar con la dominicana Moraima Ortiz eran compañeros mejicanos del sindicato independiente de los trabajadores de Hot and Crusty.

De ese sindicato vale la pena hablar, porque fue por ellos que nosotros nos involucramos en el piquete frente a la Kenny.  No es un sindicato de burócratas cómodos, que llegan de su oficina a meter la gente al medio; todos los que vimos en el piquete en Dyckman trabajan haciendo pizzas y panes en Hot and Crusty.  Son casi todos nativos de México.  Y su sindicato lo tienen gracias a una lucha larga contra unos patrones malos, poderosos y sinvergüenzas.

Según entiendo la historia, los trabajadores de Hot and Crusty fueron a pedir ayuda a la gente de Laundry Workers Center en el otoño del 2011.  Dos meses después, publicaron su demanda que se les reconociera como sindicato, y fueron a la corte reclamando muchas horas de sueldos que no se les habían pagado.  Cuando lograron certificar el sindicato, el dueño resolvió el caso de los sueldos, pero cuando comienza el sindicato a negociar el contrato, le avisaron que dentro de 10 días cerraría la tienda.  El 31 de agosto hubo una ocupación del local que duró varias horas, y se comenzó un piquete a partir de ese día.  Consiguieron el apoyo de los otros sindicatos en Nueva York; se llevó a cabo al mismo tiempo una acción en la corte y el piquete en la calle.  El patrón, su negocio cerrado, duró perdiendo dinero casi dos meses; y por fin, después de 55 días de lucha, cuando alguna gente estaba casi lista para rendirse, los trabajadores ganaron su sindicato, su contrato, el derecho de contratar el personal, sus días de vacación y enfermedad y un aumento para todo el mundo.

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Mientras más pienso en los compas de comida rápida, más me viene a la mente el ejemplo de Hot and Crusty.  Mira, son gente que no tenían más fuerza que Uds.—hasta menos, porque a Uds. los apoya una organización grande nacional, y a los de Hot and Crusty los apoyaban un centro obrero local.  Los patrones de Hot and Crusty intentaron intimidar a los trabajadores por un lado, con decir que se iba a cerrar el negocio, y a comprarlos por el otro, con ofertas de aumentos a algunos de los organizadores.  Sin embargo llevaron su lucha, y sus condiciones de trabajo están mejores, indiscutiblemente.  Miren el caso de Uds., compas.  Están  con miedo porque piensan que podrían perder el trabajo, pero miren—la mitad de Uds. ganaron un aumento después de una huelga de un solo día.  Ojala todos los paros de un día dieran un resultado así.  Si no quieren seguir con lo del sindicato, formen un comité de los más comprometidos, vayan los del comité todos juntos a protestar cuando algún trabajador tiene queja.  Si van juntos la ley les protege de la retaliación del patrón—si van solos, los bota si le da la gana.  Sobre todo, yo los invito a participar en los piquetes en apoyo a Moraima Ortiz, para que puedan hablar con sus compañeros que ganaron su lucha por un sindicato, y para que vean que tienen todo el apoyo de la comunidad.

Tienen que acordarse de una cosa más, mis panas, esta gente siempre tiene dinero para pagarle más a uno.  Mira donde está Hot and Crusty, en la 63 y Segunda; la venta debe ser muchas veces lo que se le paga a los trabajadores.  Kenny igual; esa señora, mientras el piquete le baja la venta, va perdiendo un fracatán de cuartos.  Solo piensen; si a ellos les va tan mal, ¿por qué entonces a ustedes, después de una huelga de un solo día, les aumentaron el sueldo a la mitad del personal?  Y ¿por qué, cuando a Hot and Crusty el sindicato le iba hacer un hoyo tan grande que el patrón prefería cerrar y no negociar con ellos, se les terminó concediendo no solo el sindicato sino muchísimos beneficios que aquí no los da nadie, y el negocio sigue más fuerte que nunca?

Hay gente que habla de lucha de clases, que hasta tienen a uno jarto, pero la verdad es que tiene su sentido.  Mira el caso de Kenny Bakery.  Iris Minaya, la patrona malapaga que le debe tanto dinero a Moraima Ortiz, se ve que es una persona normal, una dominicana que vino aquí con la idea de buscar lo suyo, y se lo buscó.  El problema no es que Iris Minaya sea un demonio; el problema es que ya pertenece a otra clase social, la del patrón.  Ahora sus intereses, y los de nosotros, los que trabajamos, están en conflicto.  Ahora un peso que nos rebaje de sueldo a nosotros es un peso para la educación de sus nietos, porque ya vive del trabajo de nosotros.  Claro, no es obligado ser un patrón malo.  Con un negocio como la Kenny, ella podría pagarse un buen sueldo y pagar bien a todos sus empleados.  Igual como yo podría sacar mil dólares del banco y regalárselo a un particular en la calle; podría, pero ¿quién lo va a hacer?  Es que el sistema no premia a la patrona que comparte igual con sus empleados, el sistema premia a la patrona que le saca todo el jugo al trabajador y lo deja botao después que ya no le sirve.  Entonces se puede concluir dos cosas; la lucha de clases no es cuento, porque a una clase le conviene bajar el sueldo de la otra clase; y no son la gente que tenemos que cambiar, sino el sistema que premia a la avaricia.

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